Hoy, solo una pequeña parte del crédito disponible llega a quienes protegen los bosques. Si los gobiernos y las instituciones financieras de desarrollo trabajan de forma coordinada para revertir esta situación, los negocios sostenibles tendrán más oportunidades de crecer y, con ellos, también la Amazonía.
La sociobioeconomía demuestra que es posible generar ingresos al tiempo que se conservan los bosques. Basada en el uso sostenible de la biodiversidad y en el liderazgo de las comunidades locales, abarca iniciativas que van desde asociaciones de productores de castaña amazónica hasta cooperativas de cosméticos naturales. Estos ejemplos muestran que los negocios basados en los recursos del bosque pueden competir en mercados nacionales e internacionales.
Según el informe Global Bioeconomy, elaborado por Nature Finance y la Fundação Getúlio Vargas con el apoyo de The Nature Conservancy (TNC) y otras organizaciones, la bioeconomía podría alcanzar un valor de USD 30 billones para 2050. Con el 58 % de la Amazonía y una de las mayores concentraciones de biodiversidad del planeta, Brasil tiene una oportunidad única para convertirse en un actor clave de este mercado emergente.
Un estudio del Observatorio de las Economías de la Sociobiodiversidad (ÓSocioBio) estima que, en países con alta biodiversidad, la sociobioeconomía podría representar hasta el 2,7 % del PIB para 2030, lo que equivaldría aproximadamente a 316 mil millones de reales brasileños. Sin embargo, pese a este potencial, los sistemas actuales de financiamiento siguen dejando fuera a muchas empresas de sociobiodiversidad. Los datos analizados por ÓSocioBio a partir de estadísticas del Banco Central de Brasil muestran que, en 2024, el 91,7 % de los recursos del Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar (Pronaf) destinados a la Amazonía se dirigieron a la ganadería, mientras que menos del 2 % apoyó cadenas de valor vinculadas a la sociobiodiversidad.
Los datos de Embrapa refuerzan esta tendencia: en la Amazonía, el 90 % del crédito destinado a la agricultura familiar se destina a actividades ganaderas. Como consecuencia, muchos productores que no tienen acceso a financiamiento para actividades sostenibles terminan optando por la ganadería debido a sus retornos más rápidos, aun cuando implica mayores costos ambientales.
Las políticas públicas, como el crédito rural y los programas de compras gubernamentales, pueden desempeñar un papel decisivo en la transición hacia una economía amazónica más sostenible. Del mismo modo, las instituciones financieras de desarrollo (DFI), entre ellas el Banco Mundial, el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil (BNDES) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), tienen una función clave en este proceso.
Cuando las políticas públicas y las estrategias de financiamiento avanzan en la misma dirección, los recursos tienen más posibilidades de llegar a quienes protegen los bosques. Diseñar líneas de crédito adaptadas a la realidad de las empresas de sociobioeconomía y coordinar acciones entre distintos organismos públicos puede ayudar a que el sector crezca y llegue a más territorios.
El papel del crédito rural en el crecimiento de la sociobioeconomía
El crédito rural puede convertirse en una herramienta clave para impulsar negocios sostenibles basados en los bosques. Pero para que realmente funcione, debe responder a las necesidades de las cooperativas, las familias extractivistas y las cadenas de valor forestales.
ASPROC apoya a comunidades ribereñas en la producción y comercialización de productos provenientes exclusivamente de la biodiversidad amazónica, entre ellos el pescado pirarucú.
En el estado de Amazonas, la experiencia de la Associação dos Produtores Rurais de Carauari (ASPROC) muestra que cuando el financiamiento llega a las comunidades locales, los resultados son evidentes. Gracias al acceso a crédito y al apoyo de compras públicas a través del Programa Nacional de Alimentación Escolar (PNAE), ASPROC logró suministrar pirarucú capturado de manera sostenible para la alimentación escolar, generando ingresos para familias ribereñas y promoviendo el uso sostenible de la biodiversidad local.
En Amapá la experiencia de Associação dos Trabalhadores Agroextrativistas da Ilha de Carapanatuba (ATAIC) refleja una situación similar. La organización trabaja con familias productoras de açaí y comercializa parte de su producción a través de programas públicos como el Programa de Adquisición de Alimentos (PAA) y el propio PNAE.
Estos programas ofrecen un mercado estable para los productores y contribuyen a fortalecer la seguridad alimentaria en escuelas y otras instituciones públicas. Sin embargo, participar en las convocatorias municipales anuales no siempre es sencillo. Los requisitos administrativos y los costos operativos pueden llegar a superar los beneficios económicos obtenidos, lo que termina desincentivando la participación de pequeñas asociaciones.
Por su parte, la cooperativa CooperSapó mantiene un contrato activo con el municipio de Maués, en el estado de Amazonas, y considera estratégica su participación en estos programas para fortalecer las fuentes de ingresos de su comunidad.
A pesar de estos avances, persisten desafíos importantes. La reducción de presupuestos, los retrasos en los pagos y la incertidumbre sobre la continuidad de los programas dificultan la planificación de las cooperativas. Sin mercados confiables ni flujos financieros estables, muchos productores abandonan actividades sostenibles y recurren a alternativas con retornos más rápidos, como la ganadería.
El desafío de conectar la producción con los mercados
ABEX utilizó la inversión de NESsT para fortalecer la producción de aceite de babaçu como fuente de ingresos y ampliar la participación de mujeres Xikrin en sus actividades.
Uno de los desafíos más frecuentes para la sociobioeconomía es la desconexión entre los incentivos a la producción y las oportunidades reales de comercialización. En distintas regiones amazónicas, cadenas de valor como el camu camu, el arazá y la cocona reciben apoyo para aumentar la producción, pero luego encuentran dificultades para acceder a mercados o encontrar compradores.
Cuando los esfuerzos se concentran únicamente en aumentar la producción sin considerar aspectos como la distribución, el procesamiento, la logística, las certificaciones o la demanda, el modelo pierde efectividad. Como resultado, muchas familias que apuestan por alternativas sostenibles terminan enfrentando pérdidas económicas y frustración. Esto demuestra la necesidad de contar con políticas públicas que combinen apoyo financiero con oportunidades reales de venta.
Perú y Colombia: aprendizajes desde otros territorios amazónicos
Este desafío no es exclusivo de Brasil. En otros países amazónicos también existen iniciativas que buscan conectar producción, financiamiento y comercialización.
En Perú, el programa Agroideas del Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego brinda apoyo técnico y financiero para mejorar la competitividad de pequeños productores, mientras que FAE-Agro proporciona financiamiento de emergencia para el sector. Diversas cooperativas han utilizado estos mecanismos para acceder a programas públicos de compras locales, aunque todavía de manera limitada.
Un ejemplo es la Cooperativa Kanuja , ubicada en Pangoa, Junín. Entre 2019 y 2023, la cooperativa implementó un proyecto financiado por Agroideas que le permitió mejorar su infraestructura y equipamiento para ampliar la producción de cacao, fortaleciendo los medios de vida de 300 productores de comunidades asháninkas y nomatsigengas.
En Colombia, el Programa de Compras Públicas Locales y las líneas de crédito del Banco Agrario contribuyen a conectar a los productores con las compras gubernamentales. Además, la Estrategia Nacional de Bioeconomía, lanzada en 2020, busca fortalecer cadenas de valor lideradas por comunidades tradicionales, integrando producción sostenible y acceso a mercados.
Más que financiar: el papel articulador de las instituciones financieras de desarrollo
Las instituciones financieras de desarrollo pueden ser clave para que la sociobioeconomía alcance su potencial. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), estas instituciones, generalmente públicas o mixtas, tienen el mandato de promover el desarrollo sostenible mediante el fortalecimiento del sector privado, especialmente en contextos donde la inversión tradicional es limitada.
Durante la COP16 Colombia, NESsT y la Red Panamazónica de Bioeconomía coorganizaron la conversación “Desbloqueando financiamiento para una bioeconomía panamazónica liderada localmente”, reuniendo a emprendedores amazónicos, bancos de desarrollo e inversionistas públicos y privados para debatir estos desafíos y oportunidades.
Su función consiste en ofrecer financiamiento de mediano y largo plazo, asumiendo mayores niveles de riesgo a cambio de generar impactos sociales, ambientales y económicos positivos.
Uno de los aportes más importantes de las DFI consiste en conectar el financiamiento con políticas públicas e incentivos gubernamentales. Por ejemplo, los préstamos podrían vincularse a compromisos gubernamentales para ampliar programas como el PAA y el PNAE, garantizando que el crédito llegue a empresas de sociobiodiversidad junto con mercados estables para sus productos.
Asimismo, las DFI pueden actuar como puente entre ministerios y sectores. Al promover el diálogo entre las autoridades responsables de Finanzas, Agricultura, Pueblos Indígenas y Medio Ambiente, pueden contribuir a diseñar políticas integradas que conecten producción, financiamiento y acceso a mercados.
Otra vía consiste en fortalecer la capacidad de bancos nacionales de desarrollo, como el BNDES en Brasil, el Banco Agrario en Colombia y Agrobanco en Perú. Con recursos y respaldo de las DFI, estas entidades podrían ofrecer productos financieros diseñados específicamente para la sociobioeconomía, con plazos más amplios, menores requisitos de garantía y tasas subsidiadas. Esto facilitaría el acceso al crédito para quienes hoy encuentran más obstáculos para obtenerlo.
Lo que necesita la sociobioeconomía para crecer
La sociobioeconomía ha demostrado ser una vía eficaz para generar ingresos locales, conservar la biodiversidad e impulsar el desarrollo sostenible. Sin embargo, su impacto sigue limitado por barreras institucionales y financieras.
Para que el sector crezca, la producción, el financiamiento y los mercados deben funcionar como parte de un mismo sistema.
Los gobiernos tienen un papel fundamental en la ampliación del acceso al crédito y en el fortalecimiento de los programas de compras públicas. Las instituciones financieras de desarrollo pueden dar un paso más, utilizando su capacidad de inversión e influencia para asegurar que los recursos lleguen a políticas que realmente beneficien a las comunidades locales y fortalezcan las economías basadas en los bosques.
Liderada por habitantes de la isla, la Associação dos Trabalhadores Agroextrativistas da Ilha das Cinzas (ATAIC) trabaja para generar y ampliar oportunidades de ingresos para las familias locales.
Cuando producción, financiamiento y acceso a mercados avanzan de manera coordinada, las iniciativas individuales pueden transformarse en soluciones de gran impacto, capaces de reconciliar desarrollo económico, inclusión social y conservación ambiental en toda la Amazonía.

