La creencia de que el crecimiento es sinónimo de éxito dejó de ser el único motivo por el que una empresa se destaca. Hoy más que nunca el impacto pasa a tener un rol protagónico en el escalamiento. Ya no es suficiente con crecer, sino que enfocarse en crecer mejor.
La evolución del emprendimiento ha ido demostrando que no solo es suficiente vender, sino que se ha vuelto preponderante la necesidad de realizar ajustes en la gestión, mejorar las capacidades de los equipos y trabajar en el propósito que hay detrás de lo que se está emprendiendo. El impacto social y el valor más allá del negocio son ingredientes esenciales para superar la barrera de las buenas intenciones y sostenerse en el tiempo.
Mientras algunas empresas sociales logran avanzar en metas financieras, otras sufren el estancamiento en sus modelos. El problema no siempre es un tema de financiamiento, sino de la necesidad de mejorar tempranamente lo que pasa en los procesos de gestión interna de las empresas, y particularmente en el liderazgo para adaptarse a los cambios
A esto se suman nuevos factores: la irrupción de la IA, la volatilidad de los mercados y consumidores cada vez más exigentes. Todo ello configura un entorno más complejo, especialmente para aquellas empresas que buscan generar valor también en su relación con el entorno.
Foto: Lazarillo
Un ejemplo claro es la empresa social, Lazarillo, que evolucionó desde una aplicación de accesibilidad para personas con discapacidad visual hacia una plataforma B2B de mapeo digital. Su transformación implicó una reconfiguración profunda de su modelo de negocio. Hoy registra un crecimiento acumulado de más de 400% en ventas desde su ingreso al portafolio de NESsT en Chile, en 2021 y logró reducir sus ciclos de venta de seis a apenas dos o tres meses. Más allá de los números, su principal aprendizaje es estructural: el escalamiento se volvió posible cuando profesionalizó su gestión interna, ordenó sus procesos comerciales y fortaleció su equipo, pasando de una lógica de proyecto a una lógica de empresa.
Un segundo caso es Bendito Residuo, que ilustra cómo el impacto también puede escalar cuando el modelo se adapta al contexto. La empresa pasó de procesar 530 toneladas anuales de residuos a más de 3,800 consolidando un crecimiento sostenido en su operación. Pero quizás lo más relevante no es solo la expansión, sino la decisión de ajustar su modelo de impacto hacia una lógica híbrida, combinando generación de empleo directo y políticas de apoyo a proveedores vulnerables, logrando mayor capacidad de procesamiento y eficiencia operativa
Ambos casos reflejan que el crecimiento por sí solo no explica el impacto. Es la capacidad de ajustar, reorganizar y fortalecer las bases internas lo que favorece que el crecimiento sea sostenible en el tiempo. De igual manera, no basta con tener un propósito. Medir impacto implica desarrollar la capacidad de identificar, con claridad, dónde se está generando el valor social y/o ambiental.
El Día del Emprendimiento es una invitación a preguntarnos qué modelos de negocios queremos seguir construyendo. No sólo cómo crecer, sino cómo sostener ese crecimiento en el tiempo: qué las hace diferentes, dónde están sus oportunidades reales y qué capacidades necesitan desarrollar. Porque el propósito no se cuida solo, se gestiona. Y es esa gestión la que permite que el impacto no solo ocurra, sino que perdure.
Conoce más sobre el trabajo de NESsT en Chile:

